“Cuando una obra sale de nuestro control exclusivo, puede ocurrir cualquier cosa”
Entrevista a Mario Pena, COO de Safe Creative

Compartir borradores con lectores beta es ya algo habitual, y la irrupción de la IA generativa ha cambiado las reglas del juego. Hablamos con Mario Pena, COO de Safe Creative, sobre qué pasa cuando alguien filtra o copia nuestro manuscrito, por qué el ISBN y el “correo de los pobres” no son una protección real y por qué, según él, certificar el proceso creativo es hoy “una necesidad para poner en valor el talento humano”.
¡No te pierdas la entrevista completa!
¿Qué es Safe Creative? ¿Qué implica a nivel legislativo tener una obra registrada?
Safe Creative es el principal registro privado online de declaraciones de derechos de autor, basado en tecnología, que existe a nivel mundial y que lleva funcionando desde 2007 de forma ininterrumpida. Además, ofrecemos herramientas de obtención de evidencias digitales, registro de marcas ante organismos oficiales de varias regiones y países del mundo, así como una suite de gestión de intangibles en empresas, secretos empresariales y una nueva plataforma para la certificación de procesos críticos de empresas.
Es importante destacar que los derechos de autor nacen en el momento de crear una obra no existiendo obligación alguna de formalismo para que estén plenamente protegidos a nivel nacional e internacional. Esto se estableció en el Convenio de Berna y se solidifica con los acuerdos y tratados internacionales en la materia. Registrar la obra es un trámite opcional, voluntario y declarativo. Sin embargo, a efectos prácticos, tener un registro de la forma más temprana posible, ayuda a demostrar en qué momento, quien se declara persona autora, tenía acceso a dicha obra. Esta cuestión es fundamental para defender esos derechos que, como hemos dicho, ya existen tan pronto como acabamos la obra (o capítulos sueltos, que también puede ser).
Si le doy mi manuscrito a un lector beta o a varias personas para que lo revisen, ¿qué pasa si alguien piratea o comparte el texto sin mi permiso? ¿Cómo nos protege legalmente un registro previo en Safe Creative en ese caso?
La prueba que se genera antes de compartir la obra con terceros es clave si se da una de esas circunstancias. De hecho son, desgraciadamente, más frecuentes de lo que mucha gente se imagina, sobre todo entre amigos e incluso familiares. Desde el momento en que una obra sale de nuestro control exclusivo, puede ocurrir cualquier cosa, ya sea por desconocimiento o mala voluntad. En caso de ocurrir y detectarse, la evidencia, insistimos, si es anterior al hecho del mal uso, es la mejor baza que tenemos para demostrar de forma inequívoca que teníamos la obra antes que la otra persona.
Ante un uso indebido, tenemos varias opciones. En Safe Creative es posible, por ejemplo, enviar una copia de “Cese y desista”. Por otro lado también es posible, en plataformas como redes sociales, iniciar reclamaciones, pero hay que tener en cuenta que si todo falla, tendremos que contactar con expertos legales que nos ayuden en nuestro caso, analizando el caso, recabando evidencias del uso indebido, con nuestras mismas herramientas de Safe Stamper por ejemplo, iniciando los contactos con la otra parte y aportando las certificaciones de Safe Creative, tanto del registro de la obra, la certificación del proceso creativo y las pruebas de la infracción, según una estrategia establecida.
Según nos dicen muchos despachos de abogados, casi todos los casos se resuelven sin tener que llegar a juicio, y a favor de la persona autora real que ha registrado con Safe Creative. No es una garantía plena, ninguna empresa puede prometer tal cosa sin mentir o equivocarse, pero da las mejores posibilidades.
Muchos escritores novatos todavía creen que enviarse el manuscrito por email o correo postal a sí mismos sirve como ‘registro de pobres’ o prueba legal. ¿Funciona? ¿Tiene salida legal si se da el caso?
La respuesta corta es un rotundo no. Pero vamos a matizar; podría llegar a funcionar, siempre que el abogado de la otra parte no sea, digamos, el lápiz más afilado del estuche. Pero es que este es uno de esos mitos “cazados” que más prevalecen en este mundillo.
Lo primero es que es muy fácil demostrar que ese sistema no funciona. Pongamos un ejemplo. Alguien podría, eventualmente, enviarse diez sobres certificados por correo postal, pero no del todo bien cerrados. Luego al recibirlo, podríamos abrir con cuidado alguno de ellos y poner un recorte de un periódico posterior a la fecha de envío. Con que un abogado pueda hacer eso, ya toda la cadena de custodia de esos correos queda cuestionada. Es sumamente fácil, por lo tanto, impugnar esas presuntas evidencias.
Dicho de otra manera, ese “copyright de pobres” no certifica el contenido, sino que se ha enviado un sobre, que puede estar bien o mal cerrado, pero en ningún caso lo que va dentro. Además solo se podría usar una vez, y eso con suerte y, si la producción artística es alta, sería poco práctico, complicado y costoso.
Un registro digital como el de Safe Creative certifica de forma inequívoca no sólo el cuándo sino el qué, de forma cómoda, en todas las fases de producción de la obra y fácil de entender para los jueces, peritos y abogados.
También hay quién cree que al conseguir el ISBN y publicar el libro en plataformas como Amazon, la obra ya queda ‘protegida’ automáticamente frente al plagio. ¿Es esto un mito? ¿Qué diferencia hay entre tener un ISBN y tener un registro de propiedad intelectual activo antes de publicarlo?
Un ISBN no es un registro. Es un requisito que existe para identificar un tipo de edición concreta de una obra en el momento de ponerla a la venta, por ejemplo si es pasta dura o blanda, libro de bolsillo, por tomos, publicación digital, tirada de ejemplares, etc. No identifica la obra, sino que detalla el tipo de publicación que se ha elegido para un título y ese mismo título puede tener, y con frecuencia tiene, varios ISBN. El ISBN puede identificar, como comentamos, si es una edición en tapa dura, el número de páginas, etc, pero no la obra en sí. De hecho, alguien podría copiar el texto completo de un libro y publicarlo con su propio ISBN.
Publicar en Amazon no es tampoco una garantía. De hecho últimamente se están dando casos de copias de obras originales presuntamente reescritas en pocas horas con la asistencia de la IA que se publican en Amazon con el mismo título.
Publicar una obra ayuda en cierta medida a demostrar el propio hecho de la publicación de algo, pero está lejos de ser lo que entendemos como una evidencia inmutable con posibilidad de auditarse siempre de forma independiente, que es lo que ofrecemos en Safe Creative.
¿Cuándo es el momento exacto en el que un autor debería registrar su obra? ¿Es mejor hacerlo con el primer borrador terminado, o hay que esperar a que esté corregido y maquetado al 100%?
El mejor momento es ya mismo, y si no puede ser ahora mismo, pues entonces cuanto antes. Ahora en serio, como mínimo lo mejor es registrarla antes de mostrar tu obra a cualquier persona, sin importar el nivel de confianza, sobre todo si son familiares o amigos íntimos. Sí, ya noto la suspicacia. Creedme. Es lo mejor.
Pero en una nota más seria, en Safe Creative incluso facilitamos la certificación del proceso creativo. Es decir, se puede ir certificando cómo vamos creando la obra, con bocetos, apuntes, materiales. Todo eso va creando un expediente que podremos vincular a la primera versión con la que estemos cómodos para mostrar a cualquier persona, sea de confianza o no, pero sobre todo si es de presunta confianza.
No hace falta que esté totalmente corregida o maquetada. Versiones tempranas se deberían registrar. Con una suscripción se puede vincular no solo el proceso creativo, si se ha ido documentando, sino todas las versiones de la obra según se va refinando hasta versiones posteriores ya listas para vender o publicar online de forma general.
Y en el caso de coautoría, ¿cómo funciona? ¿Es el mismo proceso?
El proceso es igual, pero añadiendo a los coautores, ya sea en el momento inicial de registro o después: La persona que tiene la suscripción, o inicia un registro individual de pago puede añadir coautoras especificando el correo electrónico y el porcentaje de autoría.
Las otras personas coautoras recibirán un correo electrónico para darse de alta con una cuenta gratuita (de pago por uso) si lo desean, y aceptar así la coautoría. Y si ya tienen cuenta, no tienen más que identificarse con ella, aceptar la coautoría. Una vez aceptado les aparecerá en su lista de obras y podrán descargar los certificados correspondientes donde aparecerán los nombres, porcentajes de autoría y otros datos.
Una vez hemos entrado en Safe Creative y hemos registrado nuestro manuscrito, ¿cuánto tiempo de validez tiene el certificado? ¿Caduca si no renovamos?
La validez del certificado, como evidencia en sí, es permanente. Recomendamos, eso sí, descargar los certificados para tenerlos localmente. Si no se renueva, aunque esperamos que los usuarios sigan renovando para usar las herramientas que proporcionamos para diversas cuestiones, todo se guarda en la cuenta del usuario, mientras no borre activamente, de forma indefinida por ahora. Eso sí, los certificados y otras operaciones estarán disponibles doce meses tras el registro si no renueva. Pasado ese tiempo, se tendría que contratar al menos una suscripción mensual para reactivar todos los servicios avanzados.
Si un escritor de habla hispana sube su obra a Safe Creative desde España o Latinoamérica, ¿esa protección y prueba de autoría tiene validez si le plagian el libro en otro país o en plataformas globales de venta?
Las evidencias que se generan en Safe Creative están basadas en las tecnologías más avanzadas y como tales se pueden usar en todo el mundo siempre que sea en un estado de derecho que permita la libre presentación de pruebas en sede judicial. No obstante, en EEUU, por ejemplo, es altamente recomendable registrar también en el US Copyright Office, servicio que ofrecemos desde Safe Creative también, ya que para ciertas demandas e indemnizaciones, puede ser un requisito indispensable.
No podemos hablar de todas las plataformas de venta en caso de plagio, pero en general, según nos comentan los usuarios, estas suelen aceptar los registros de Safe Creative, pero, lógicamente, podría haber excepciones. De todos modos siempre es importante leer con atención los mecanismos de reclamación de dichas plataformas, pues inicialmente no suelen pedir certificados, sino declaraciones concretas y luego, eso sí, más adelante, si no se lleva a una solución, se aportaría la documentación de certificación necesaria.
¿Y en caso de que alguien plagie nuestro manuscrito en otro idioma?
La traducción no autorizada de una obra es una infracción de los derechos de transformación del autor si se ha realizado sin el consentimiento de la persona autora, por lo que se puede perseguir legalmente.
Si alguien traduce un manuscrito a otro idioma y lo publica, sigue cometiendo un plagio. Para demostrar la infracción habrá que comparar cómo se estructura el relato, los nombres de los personajes, el argumento, el orden de las escenas y los giros argumentales. Contar con la evidencia del registro del manuscrito en su lengua original es una forma de ayudar a demostrar la infracción cometida.
Si un autor muere, ¿qué derechos tiene la familia sobre su obra?
Existen dos grupos de derechos, los morales y los patrimoniales. Los derechos morales son del autor, y obligan a reconocer la autoría (paternidad) de la obra, así como a respetar la integridad de esta. En el caso de estos derechos, los herederos no pueden “borrar” la autoría de la obra, en cambio, pueden exigir que se acredite correctamente la autoría original de la persona fallecida, y respeto a la integridad del trabajo.
En cuanto a los derechos patrimoniales, estos los reciben los herederos según el testamento y las leyes que correspondan, y por lo tanto podrán recibir las regalías, ejecutar contratos editoriales, de reedición y otros contemplados.
¿El autor tiene siempre derechos sobre su obra, o pasados unos años se liberaliza su uso?
Los derechos de autor no duran para siempre. En concreto los derechos patrimoniales duran, dependiendo de cada país, la vida del autor (o autores) más entre 50+ y 100+ años, siendo 70+ la cifra más habitual. Lo del “+” se refiere a que las obras entran en el dominio público el 1 de enero del año siguiente al aniversario de la muerte del último de los autores de una obra pasados los años estipulados para ese país. En España, por ejemplo, el 1 de enero del año siguiente al fallecimiento de un autor antes de 1987, serían 80 años. En México, sin embargo, hablaríamos de 100+ años.
Los derechos morales, sin embargo, duran permanentemente, o al menos mientras la humanidad exista, por lo que siempre hay que acreditar la autoría original de una obra, si bien, cuando ha entrado en el dominio público, no hace falta pedir autorización para usar la obra, adaptarla, representarla, publicarla, etc.
Si tuvieras que decir qué es lo más importante que debería tener claro un autor hoy, ¿qué sería?
Creo que hay dos cuestiones básicas. La primera es que registrar una obra demuestra profesionalidad con nosotros mismos y el trabajo que hemos realizado. No se trata de desconfianza ante lo que pueda pasar, sino de demostrar, de forma inequívoca el respeto que nos debemos tras meses e incluso años de duro trabajo. Además, dejar bien claro qué hemos creado y qué derechos nos reservamos, proporciona claridad, confianza y seguridad ante aquellos que tienen genuino interés por nuestro trabajo y esfuerzo.
Lo segundo es que ante la irrupción de la IA generativa en los entornos creativos, sea para bien o para mal, documentar cómo creamos una obra va a ser, no solo recomendable, sino totalmente necesario. Poder documentar lo que crea la persona humana y/o lo que genera una herramienta de IA, de forma clara y transparente, ayudará a poner en valor el talento de la contribución original humana, y a delimitar la protección que la obra en conjunto o sus partes, merecen según evolucione la legislación en el futuro.
Es por eso, que si podemos resumirlo mucho, es fundamental empezar a certificar el proceso creativo de nuestros libros desde ahora mismo, registrar luego todas las versiones antes de compartirlas e informar del hecho del registro, siempre que se muestre ante otras personas.
